Siempre he debido admitir inútilmente:
mis pensares gratos carecen de armonía,
cansío por los látigos jamás afinaron trino, mas…
Sobre las espesas llanuras de mi mente,
sobre las arcaicas esencias de lo insoportable
las agujas del asedio están fraguando
impías filias y condenables magias arcanas,
no obstante, humanamente, eximo mi ansias
de encontrarte susurrando una esencia afín,
de todo lo trillado por mis ojos y mis cantos,
de lo abandonado en tantos siglos de letargo,
donde pensar es perder y no hacerlo: morir.
Miro mis nortes empolvados y virulentos,
mis formas de derrapan antes de extinguirse.
Ahora pues, abigarrado a mis terrores te miro,
dulce de besos y caricias sin espinas infaustas,
gritándole a mis trasgos tiernamente y sin reparo:
“Pues luchemos porque todas esa cosas, amor,
las logremos, te adoro cada día más...” Así…
Así de simple como si aún hubiese ardor en mí,
como si mis demonios durmieran la siesta calma,
como si tantos siglos fueran sólo un pasaje,
un prueba amarga para merecerte y encontrarte,
un pase ganado a golpe de tambor y látigo
para coincidir en este siglo contigo en el fondo
de un azar que me hizo detenerme en una noche
cualquiera, y entrar en las gasas y pedir un espacio,
cantar contigo una canción conocida y mirarte,
encontrar en uno ojos al fin una chispa amada,
un susurro pidiendo un susurro, una esencia
que simplemente comprendiera la esencia
de los ojos que coreaban a un lado y el canto.
A fin de cuentas corear la esencias me hizo verte,
y verte me hizo sentir tu esencia y desear
regalarte una duda e intrigarte y coincidir,
en el dulce sueño que hoy creo y deseo coincidir…
domingo, 12 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario