martes, 16 de noviembre de 2010

Hogazas del destierro...

Funebres pájaros y hálitos de viento frío vienen a mí esta noche "buena", sombras de funestos ángeles vengativos, de sueños convulsos y tactos de astillas y navajas. Son tan hermosas las rutas del Vacío, sí, el Vacío, ese espacio infinito e ínfimo, donde cabe todo lo que no volverá a ser algo, donde los gritos no son más que ademanes y los ademanes no son más que humo blanco y el humo blanco no se logra ver entre tanta luz vacía.
Es tan hermosa la gira de hilos de nada, tomar el arpa sin cuerdas para hacer sonar melodías de nereidas, ser la flauta quebrada del sátiro, ser la pluma sin tinta del historiador, ser la huella del vuelo de las gaviotas la arena húmeda, ser la sombra de un cuerpo que camina en la obscuridad; ser tantas cosas inútiles, ser tantos deseos muertos, ser tanta esperanza perdida en los pasos del tiempo...
Así estoy como una hogaza en el destierro, pudriéndose lentamente, sin alimentar a nadie. Como un ánfora de vino en una casa vacía, como un ensalmo milagroso en la tierra de los muertos, como el deseo de una caricia en el solitario claustro de Tártaro.
Así se pasan las noches consecutivas, con la augusta soledad como cobija, con la inerte melancolía como compañera de tertulia y el inmenso sentimiento de muerte en lugar del latir en lo profundo del pecho...
Esta es la vida de las hogazas arrojadas y de los sueños perdido, de las marañas cortadas y los misterios arcanos, el plácido sueño eterno sin remedio ni ensalmo, sólo Olvido...
(24/12/2007)

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