El sueño se presentó a mi puerta anoche, tuve que ponerle doble paso a la puerta, sin embargo tocaba y tocaba a las puertas de mis oídos sordos...
Hoy en la mañana lo encontré delirante y rabioso, profano e inmisericorde, como casi todos mis sueños, maldiciendo a golpe de guerra no haber podido dormir en mi lecho...
Le serví una tasa de café y le invité un cigarro, conversamos mientras su humor se normalizaba.
Es duro a veces negarse al sueño (más para al sueño que para uno), se mecen las horas en la angustiosa ausencia, se plantan las sombras como pinos y se anida la desesperanza como gorriones briosos.
Pero es mejor conversar con el sueño en la mañana, de tú a tú mientras se está despierto, así las encabritadas espumas noctámbulas son simples delirios de locura y no pesares en las horas de descanso y melancolía en las horas lúcidas.
martes, 16 de noviembre de 2010
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