Son tan insoportables las oscuridades
que habitan en el fondo de mi pecho,
y mi alma no logra encontrar un trecho
que no la condene a infinidades…
Así es que pasan los veranos fugaces
transformando en otoños los placeres,
llenando todos los rostros de antifaces,
disfrazando de monstruos a las mujeres…
Y cae la noche como enferma de olvido,
muriendo de amargura y desespero,
clamando encontrar un dulce nido
donde esconder su alma del abismo,
luchando contra el escarnio postrero
y salvar algo de lo que queda de si mismo…
sábado, 28 de julio de 2007
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