A Lucy, quien según Shakespeare debió llamarse Titania.
Cuentas las leyendas que fueron encerradas en los ojos de los ciegos y la escandalosa mirada de los mudos, que hace unos siglos una dama blanca llamada Magia se fugó del mundo buscando un poco de descanso para sus cansadas manos humanas.
Magia vivió feliz por mucho tiempo hasta que la humana inmundicia supo solicitarle los favores más excéntricos y más vanos. La Magia tuvo que esforzarse a punto de muerte, para poder tratar que Felicidad, su hermana más caprichosa, se dignara a tocar los hombros mortales, mas no lo logró por una simple razón, ni siquiera los humanos en su eterno cerrojo de razón la sabían distinguir.
Cada palmo de la tierra supo de la expansión de esta raza voraz, que consumía a su paso campos, ríos y valles, dejando tras su saga simplemente destierro.
Viendo Magia que ni siquiera los dragones se salvaban de la feroz humanidad, tomo a sus hijos y huyó tan largo como pudo, al otro lado de Cosmos, a una isleta inmencionablemente distante aún de Ávalon, porqué ningún lugar cercano a Gea era seguro.
Así pasaron los siglos, fugaces, aletargados por el destierro de los campos, de soñar ver nuevamente las hadas revoloteando con las mariposas, jugueteando en la santa inocencia del bosque de Cantabria. El vuelo supremo y colosal de los dragones dorados sobre el desierto, que con su fuerte aleteo refrescaba el paso de los animales transeúntes. El danzar de las sirenas en los fondos marinos como un vals dulce y un pacto de amor con los corales y las estrellas marinas.
Recordaba Magia cuando se sentaba como una enamorada a charlar con la luna creciente, esa sonrisa jubilosa del cielo que le recordaba que aún en la oscura penumbra nocturna la esencia de la Natura tendí cortejos dulces para soñar y creer como los robles ánticos.
Melancolía, supo ocupar un lugar fundamental en la isleta, a veces deja sonar el viento como cuando los susurros de Eolo la llamaban a cenar. Otras veces hacia llovizna para traer a colación las caricias que tanto gozan los jaguares y los elfos. En las madrugadas fraguaba desfiles de luciérnagas y cigarras para remembrar las fiestas de los sátiros, que no podía dejar de llorar al recordar que en el mundo habían dejado sus flautas.
Poco a poco la desesperación fue anidando en el corazón de los selectos espíritus que Magia había rescatado las garras humanas.
El primer barco partió a la mañana siguiente de un festín de otoño, partieron los dragones, los duendes, los elfos y los hijos de Chirón, los centauros.
Los dragones fueron consagrados como dioses dándose festines de vírgenes, volviéndose vanos y casi humanos, poco tiempo después fueron olvidados y de ellos no ha de quedar ni un hueso identificable, los pocos que huyeron de estos vicios se refugiaron en los extremos nórticos, ahogándose lentamente en las fosas del olvido…
Los centauros, se transformaron en grande guerreros, valiosos aliados en las funestas guerras humanas, se hicieron del culto del vino y de la soledad absurda causada por el desprecio humano. Los pocos que sobrevivieron corrieron cuanto pudieron hasta desprenderse de su lado malo, y se volvieron simplemente caballos, potros indómitos, pero siempre fueron domados por las cuerdas humanas…
Los elfos cautivaron a los hombres más sabios y las mujeres más elocuentes, les enseñaron todo lo que sabía y después fueron emparedados, cuando no pudieron sostener más los ideales fieles se transformaron en las columnas de los templos y la madera que otros pisan…
Los duendes, siempre más astutos y precavidos rápidamente aprendieron que no debía luchar al lado de los humanos, ni enseñarles las artes secretas y menos aún envanecerse, simplemente hicieron sus cavas y se ocultaron en ellas a dormir, a veces salen a hacer sus travesuras usuales para recordar cuando eran libres…
Así pasaron los milenios dilapidando los espacios y la savia de los pinos, mientras tanto Magia seguía soñando con aquellos tiempos y buscando soluciones para recuperar los sueños.
Tiempo después me contó un duende, que vieron revoloteando en las sombras de la noche unas cuantas hadas blancas, azules y negras, presurosos salieron de sus cavas, para ver si había vuelto Magia. Las hadas siempre fueron las criaturas más puras y sus alas eran caricias tersas, era las más selectas hijas de Magia, indiscutiblemente su mejor creación.
Contaron pues las hadas que se habían separado de Magia, ella las había enviado a cumplir una parte fundamental de su plan de reconquista.
Debían buscar una dama humana, una neófita, recién nacida y entrar por sus ojos sin que nadie las viera, y encender en su alma esa chispa curiosa y dulce, para transformarlas en herederas humanas de Magia.
Ya quedaban pocas hadas, muchas había muerto por equivocarse del alma, dado que el humano, siempre será humano por más que esté recién nacido.
Muchas de estas niñas se transformarán en brujas tercas como Baba Yaba, otras en admiradoras del amor como Safo, en irreverentes poetizas como Sor Juana, las menos en diosas de guerra como Juan de Arco; en resumen magia consumida por sentimientos humanos.
Pero aún hay otras niñas que no se han dado cuenta que realmente llevan un hada pecho adentro, y pueden explotar luceros al abrir sus palmas, desplegar arcoiris con las sonrisas y retocar las estrellas del firmamento con solo mirarlas.
Me dijo un duende,
– Si algún día tienes la suerte, de conocer alguna, simplemente se le debe mirar a los ojos, como cuando se conversa con la luna creciente, para ver saltar chispazos dignos de brazas solares.
Simplemente se le debe ver de los ojos hacia dentro y con eso basta. Si algún día tienes la dicha de acercarte a su oído dile que huele a magia, que emana de sus poros como en cascadas los deseos del pasado, la paz y la belleza concentrada en la fuerza de sus ojos.
Hay que susurrarles al oído lo que los ojos mundanos de un duende perciben.
Óyeme bien humano, si tienes la suerte de conocer un hada suplícale que nunca venda su magia, porque es vender su ser a placeres y sufrimientos pasajeros, pero aquella dama que logra portar la magia durante toda su saga, volverá a ser recibida por su madre pura y blanca y podrá de nuevo usar sus alas para juguetear con las mariposas…
La decisión es humana, la magia es perpetua hasta que se renuncia a ella. La vida es pura hasta que se decide embrumarla con espectros pasajeros. La felicidad es total cuando se llega al punto de recibir sin pedir y dar sin soñar, entregarse como se entregan los mares y el aire, completos y sin fronteras visibles ni invisibles.
Las dudas son humanas, igual que los miedos, las sombras sólo son sombras para quien desee verlas, las fronteras son humanas, mas la magia es eterna y habitará infinita en el pecho hasta que alguien desee encerrarla.
El sabio ejercicio de la libertad es tan fácil como no buscar romper las cadenas, porque las cadenas no existen si no las creamos. Lo sin nombre es tan grande como profundo hasta que alguien trata de nombrarlo. La inmensidad es perfecta hasta que alguien trata de medirla. La luz es pura hasta que alguien le busca sombra. La oscuridad es pacifica hasta que alguien busca desesperarse en ella.
En fin, Magia es Magia, simplemente una dama condenada al destierro para estar siempre presente mientras que se le pueda seguir encontrando en una dulce mirada.
Si algún día, por suerte encuentras un hada, siempre que puedas ofréndale una infinidad de besos, y envíale dos besos a sus ojos, para que la magia se sienta venerada como se venera la magia, simple, tersa y suave, pura y discreta, oculta y presente en las estelas del humo, en las formas del agua.
Te lo pide este duende obstinado y loco, que ha deseado ver una desde que recordó que existían, aunque, en estos tiempos, quién le hace caso a los duendes…
13/05/2006
GLN y un duende llamado Hades
Magia vivió feliz por mucho tiempo hasta que la humana inmundicia supo solicitarle los favores más excéntricos y más vanos. La Magia tuvo que esforzarse a punto de muerte, para poder tratar que Felicidad, su hermana más caprichosa, se dignara a tocar los hombros mortales, mas no lo logró por una simple razón, ni siquiera los humanos en su eterno cerrojo de razón la sabían distinguir.
Cada palmo de la tierra supo de la expansión de esta raza voraz, que consumía a su paso campos, ríos y valles, dejando tras su saga simplemente destierro.
Viendo Magia que ni siquiera los dragones se salvaban de la feroz humanidad, tomo a sus hijos y huyó tan largo como pudo, al otro lado de Cosmos, a una isleta inmencionablemente distante aún de Ávalon, porqué ningún lugar cercano a Gea era seguro.
Así pasaron los siglos, fugaces, aletargados por el destierro de los campos, de soñar ver nuevamente las hadas revoloteando con las mariposas, jugueteando en la santa inocencia del bosque de Cantabria. El vuelo supremo y colosal de los dragones dorados sobre el desierto, que con su fuerte aleteo refrescaba el paso de los animales transeúntes. El danzar de las sirenas en los fondos marinos como un vals dulce y un pacto de amor con los corales y las estrellas marinas.
Recordaba Magia cuando se sentaba como una enamorada a charlar con la luna creciente, esa sonrisa jubilosa del cielo que le recordaba que aún en la oscura penumbra nocturna la esencia de la Natura tendí cortejos dulces para soñar y creer como los robles ánticos.
Melancolía, supo ocupar un lugar fundamental en la isleta, a veces deja sonar el viento como cuando los susurros de Eolo la llamaban a cenar. Otras veces hacia llovizna para traer a colación las caricias que tanto gozan los jaguares y los elfos. En las madrugadas fraguaba desfiles de luciérnagas y cigarras para remembrar las fiestas de los sátiros, que no podía dejar de llorar al recordar que en el mundo habían dejado sus flautas.
Poco a poco la desesperación fue anidando en el corazón de los selectos espíritus que Magia había rescatado las garras humanas.
El primer barco partió a la mañana siguiente de un festín de otoño, partieron los dragones, los duendes, los elfos y los hijos de Chirón, los centauros.
Los dragones fueron consagrados como dioses dándose festines de vírgenes, volviéndose vanos y casi humanos, poco tiempo después fueron olvidados y de ellos no ha de quedar ni un hueso identificable, los pocos que huyeron de estos vicios se refugiaron en los extremos nórticos, ahogándose lentamente en las fosas del olvido…
Los centauros, se transformaron en grande guerreros, valiosos aliados en las funestas guerras humanas, se hicieron del culto del vino y de la soledad absurda causada por el desprecio humano. Los pocos que sobrevivieron corrieron cuanto pudieron hasta desprenderse de su lado malo, y se volvieron simplemente caballos, potros indómitos, pero siempre fueron domados por las cuerdas humanas…
Los elfos cautivaron a los hombres más sabios y las mujeres más elocuentes, les enseñaron todo lo que sabía y después fueron emparedados, cuando no pudieron sostener más los ideales fieles se transformaron en las columnas de los templos y la madera que otros pisan…
Los duendes, siempre más astutos y precavidos rápidamente aprendieron que no debía luchar al lado de los humanos, ni enseñarles las artes secretas y menos aún envanecerse, simplemente hicieron sus cavas y se ocultaron en ellas a dormir, a veces salen a hacer sus travesuras usuales para recordar cuando eran libres…
Así pasaron los milenios dilapidando los espacios y la savia de los pinos, mientras tanto Magia seguía soñando con aquellos tiempos y buscando soluciones para recuperar los sueños.
Tiempo después me contó un duende, que vieron revoloteando en las sombras de la noche unas cuantas hadas blancas, azules y negras, presurosos salieron de sus cavas, para ver si había vuelto Magia. Las hadas siempre fueron las criaturas más puras y sus alas eran caricias tersas, era las más selectas hijas de Magia, indiscutiblemente su mejor creación.
Contaron pues las hadas que se habían separado de Magia, ella las había enviado a cumplir una parte fundamental de su plan de reconquista.
Debían buscar una dama humana, una neófita, recién nacida y entrar por sus ojos sin que nadie las viera, y encender en su alma esa chispa curiosa y dulce, para transformarlas en herederas humanas de Magia.
Ya quedaban pocas hadas, muchas había muerto por equivocarse del alma, dado que el humano, siempre será humano por más que esté recién nacido.
Muchas de estas niñas se transformarán en brujas tercas como Baba Yaba, otras en admiradoras del amor como Safo, en irreverentes poetizas como Sor Juana, las menos en diosas de guerra como Juan de Arco; en resumen magia consumida por sentimientos humanos.
Pero aún hay otras niñas que no se han dado cuenta que realmente llevan un hada pecho adentro, y pueden explotar luceros al abrir sus palmas, desplegar arcoiris con las sonrisas y retocar las estrellas del firmamento con solo mirarlas.
Me dijo un duende,
– Si algún día tienes la suerte, de conocer alguna, simplemente se le debe mirar a los ojos, como cuando se conversa con la luna creciente, para ver saltar chispazos dignos de brazas solares.
Simplemente se le debe ver de los ojos hacia dentro y con eso basta. Si algún día tienes la dicha de acercarte a su oído dile que huele a magia, que emana de sus poros como en cascadas los deseos del pasado, la paz y la belleza concentrada en la fuerza de sus ojos.
Hay que susurrarles al oído lo que los ojos mundanos de un duende perciben.
Óyeme bien humano, si tienes la suerte de conocer un hada suplícale que nunca venda su magia, porque es vender su ser a placeres y sufrimientos pasajeros, pero aquella dama que logra portar la magia durante toda su saga, volverá a ser recibida por su madre pura y blanca y podrá de nuevo usar sus alas para juguetear con las mariposas…
La decisión es humana, la magia es perpetua hasta que se renuncia a ella. La vida es pura hasta que se decide embrumarla con espectros pasajeros. La felicidad es total cuando se llega al punto de recibir sin pedir y dar sin soñar, entregarse como se entregan los mares y el aire, completos y sin fronteras visibles ni invisibles.
Las dudas son humanas, igual que los miedos, las sombras sólo son sombras para quien desee verlas, las fronteras son humanas, mas la magia es eterna y habitará infinita en el pecho hasta que alguien desee encerrarla.
El sabio ejercicio de la libertad es tan fácil como no buscar romper las cadenas, porque las cadenas no existen si no las creamos. Lo sin nombre es tan grande como profundo hasta que alguien trata de nombrarlo. La inmensidad es perfecta hasta que alguien trata de medirla. La luz es pura hasta que alguien le busca sombra. La oscuridad es pacifica hasta que alguien busca desesperarse en ella.
En fin, Magia es Magia, simplemente una dama condenada al destierro para estar siempre presente mientras que se le pueda seguir encontrando en una dulce mirada.
Si algún día, por suerte encuentras un hada, siempre que puedas ofréndale una infinidad de besos, y envíale dos besos a sus ojos, para que la magia se sienta venerada como se venera la magia, simple, tersa y suave, pura y discreta, oculta y presente en las estelas del humo, en las formas del agua.
Te lo pide este duende obstinado y loco, que ha deseado ver una desde que recordó que existían, aunque, en estos tiempos, quién le hace caso a los duendes…
13/05/2006
GLN y un duende llamado Hades
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