jueves, 5 de julio de 2007

Para Alejandra.

Es curioso el azar cuando uno desea encontrar con quién compartir sus largos ratos.
Hace años le conocí en las premuras de las tardes de colegio y le vi atónita ante mi uso de la palabra y de los versos, quizá nunca había escuchado algo mejor o simplemente no se había dado su tiempo.
Y las sombras ingenuas del destino nos fueron cruzando, rápidamente ya conocíamos nuestros nombres y luego compartíamos besos bajo las sombras de los pinos, recostados sobre el césped de cualquier parque urbano.
Así, como todo pasaban las horas y nos sentíamos más necesarios.Al tiempo ya teníamos un fruto alegre, sin notar el verdadero estado de las raíces del árbol. Es tan ingenuo uno a veces que cree que las formas son lo que aparentan, y las causas se siguen juntando.
"¿Qué estúpido se deja enamorar realmente a sus cortos 20 años?, acaso no es más hermosa la libertad de seguir probando hálitos extráños..."
Eso me dijeron sus ojos hace muchos meses, yo con mi silencio quice decirle: "soy un estúpido de esos, que ahora mencionas con tanto desprecio y desengaño..."
Y así las sombras nos fueron separando, uno con la vida a cuesta, sujetando lo que le quedaba y no le sabía amargo; y ella por los campos buscando nuevas rutas y caminos, simplemente jugando.
Ahora, nos posamos a vernos, cuando una vez a la semana me presta el fruto fresco de nuestro árbol ahora marchito.
Debo confesar que pocos meses nos hemos vuelto completos extraños, cada quién defendiendo ferreamente lo que cree, aunque a veces sea tan duro aceptarlo...

No hay comentarios: