lágrimas de gozo, sangre y sudoración.
La cama de piedra se tiñe de rojo
y el cuerpo levanta su decaída voz:
¡Dama amada, flagélame por favor!
Y una bella ninfa, escondida en cuero,
camina despacio hacia el lecho veraz,
extiende su mano, levanta la cara
de aquel que yace en su cama de piedra,
besa sus labios y fugaz vuelo levanta…
Reanuda la escena con látigo en mano
golpeando sin compasión al fulano
que con cara de alegría complacido
sacia sus filias enfermas de dolor
sacia sus filias enfermas de amor…
Y aquel pobre y frío esqueleto atado
a la cabecera de su cuna de piedra
siente en su espalda el más duro látigo
al oír los goznes de bisagras abriendo,
y ver a su Amada partir de él, huyendo…
Suelta sus manos ligeramente atadas,
incorpora su cuerpo, se sienta en la cama,
sujeta su pecho empañado en sangre,
toca sus ojos llenos de certeras lágrimas,
toca sus labios y fugaz levanta el vuelo.
Mañana como hoy y ayer, volverá al lecho,
donde su dama amada azota su espalda,
y sabe a ciencia cierta el porqué volverá,
y no es por el dolor, la sangre o el sexo,
y no es por el sudor, la carne o su beso;
sino por aquel secreto llevado en venas,
el arcano de la Parca que sigue sus pasos,
a sabiendas de que cualquier tortura
es mejor que el metálico, hiriente, cortante
látigo de su Ausencia y de su Muerte…
–Las marcas que llevo en el alma son,
quizás, más profundas que los surcos
de las venas volcánicas de América,
sufro pesares que nadie imaginaria
y sólo la ira de un dios me condenan…
Amores perdidos: Tártaros eternos.
Semen y sudor secos: azufre en calderas.
Besos de despedida: yagas en los ojos.
Deseos perdidos en estrellas fugaces:
puñales certeros para un maniatado …
Universo destiñe su cruenta maniobra
dejado en manos de la radical Vida
el azar que ampara el amor efímero
que sostiene los huesos humanos…
entonces: ¿Qué peor látigo existe?
18/09/2002.
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