Emerge sigiloso el elíxir de Morfeo
y renueva el efecto del vino bebido.
Los telones decaen muy lentamente
y las luces de mundo se tornan borrosas,
sólo se presentan dos brillantes espejos
(rojos también por los bergantes tragos).
Sudor. Rocío en los rincones del cuerpo.
Una boca suspirando excitada, agotada.
Unos senos erectos apuntando al cielo.
Yo, besos sus ojos somnolientos y ebrios.
Y cae mi cabeza recorriendo su cuerpo.
Siento su vientre cálidamente despierto,
y se adentra mi lengua, vertiginosamente
en esa húmeda madriguera de deseo…
Tú, despiertas de golpe, en un espasmo,
incorporándote con fuerza a tus caderas.
Y cae, explota de nuevo el Cosmos,
mientras estoy sumergido totalmente
en el fondo de este carnal abismo.
Aún no entiendo por qué el más angelical
canto suena a depredación y delirio.
El porqué el temblor de las carnes
derriba el mundo y te lleva al cielo.
Y hoy Venus y Eros descienden fugaces
a este trémulo cúmulo de deseos,
hoy se unen a nosotros benévolos…
Muevo un poco este cálido cirio
y de nuevo corre tu savia torrentosa.
Nuestros cuerpos son uno ahora…
¡Qué bien se siente tenerte a ti
acoplada jovialmente a mi cuerpo,
y ver en tu cara ese gesto único
que divaga entre tortuoso y placentero!
¡Esos gemidos destazan mi calma,
al tener todo tu éxtasis en mi boca!
Bebo pausadamente ese néctar agridulce,
oloroso a júbilo, amor, carne y sexo.
Y una vez cumplido el trance,
agotados y saciados de este sueño,
recordamos de las noche los tragos
que, liberando de cadenas a lo cierto,
guiaron nuestros pasos hasta el lecho…
En esta noche mistificada de sueños,
esta noche hija de Baco, Eros y Morfeo…
16/06/2002
miércoles, 27 de junio de 2007
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