miércoles, 27 de junio de 2007

Cartas de Soledad, desamor y locura: Espacios...

Dentro del quehacer cotidiano siempre buscamos reducir los espacios para pensar en alguien, en especial cuando su presencia se torna imposible y distante. Cuando la distancia del deseo de cruzar miradas se esfuman vertiginosamente debido a la impotencia, transmutándose en un espacio ínfimo o en un colosal abismos, inversamente proporcional a la necesidad de mirarle…

¿Cuántas veces he sentido que es estás intocable cuando te tengo sentada a mi lado y otras veces, como hoy, que estas imposiblemente separada de mi cuerpo, imagino que te tengo en mi regazo?

Quizá sólo es este enfermizo sueño de escucharte, de trazar algunas ideas con tus ojos, y mirar tus labios como un suculento durazno maduro, que deseara morder con desespero.

Así, los kilómetros se evaporan como una gota de tiempo, para traerte a mi mente como si fueses real, como una invitación a los sueños de los que nunca se desea despertar, como una parvada de gaviotas que acarician tu sombra cuando caminas por la playa, como una nube de humo de las que desprenden los autobuses capitalinos ante mis ojos.

¡Cuánto dieran mis manos por mirar tus rostro, y mis ojos por acariciarte el pelo…!

Así, los segundos de encuentro se alargan para no dejarte ir, y las ganas de verte aumentan, propiciando romper el sueño de una vez por todas y que sea tu carne y tu cabello lo que acaricien mis manos…

Por eso no escribo más, mejor me dedico a masticar el sueño, a deleitarme con su sabor, en ausencia de tus labios…

19 de octubre de 2006

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