Es tan extraño el flujo de la suerte, a veces, que no sabemos a ciencia cierta que nos depara el mañana.
Son tantos los vacíos que se crean en el alma con el paso del tiempo que las fuerzas de desgastan de una manera violenta y amarga.
No sé porqué escriben mis manos, ni cual es realmente el impulso que me obliga a tomar la pluma, quizá el futuro sepa mostrar estas respuestas, o simplemente sea porque no ha de llegar mañana.
Cuando las sombras se posan en el cuerpo, el corazón se funde con el abismo y luego, tratar de sobrellevar la vida se vuelve un juego peligroso.
Son tan crueles los amaneceres como los recuerdos de las batallas perdidas, cada día que se presenta hacia los ojos, simplemente nos recuerda que no hay razones propias para seguir en estos rumbos.
Se vuelven tan violentas las esperanzas y tan vanas las ideas que no nos queda más que escuchar el silencio provocado por nuestra propia impotencia.
Se destruyen los sellos de lo bueno, lo malo y lo correcto, transmutándose tan sólo en un espejismo en pleno desierto.
Cada segundo se vuelve más insoportable y lo insoportable cada vez más cotidiano, dejando de lado cualquier esfuerzo por entender, simplemente se dedica uno a sobrellevar a cuestas esta agonía sin respuestas.
Cuando cabalgo por las calles desoladas y miro los horizontes diversos, no entiendo porqué la Natura me sigue negando el descanso y la paz que tanto anhelo.
A mi diestra un arcoiris brioso que se esconde en las montañas con un brillo augusto, a la zurda un atardecer que avanza furibundo, que despliega colores dorados y ambarinos, su paso lentamente aniquila al arcoiris, pero no por ello deja de ser bello.
Es tan extraño, generalmente, el paso de la noche que nos deja prever lo fragua, por un lado se nos presenta como una invitación bella, homenaje póstumo del día que perece, por otro lado nos invita a la sombra a sabiendas que amanecerá de nuevo.
Si tan sólo pudiese escapar de la mía, de esta sombra funesta que no da paz a mis sentidos, esta soledad que encadena mi suerte y esta forma mortal de mi visión de vida.
No atino a saber que pasará mañana; si por una vez el Sol dejará de esconderse de la penumbra y amaneciera a media noche como prueba de la luz sobre la sombra; pero el astro mayor de nuestro sistema seguirá jugando el juego que desde hace infinitud de tiempo a estado jugando: esconderse sigiloso de la sombra como si tuviese miedo a algo.
A fin de cuentas la sombra es todopoderosa como reflejo oscuro de la luz más divina. Quizá si nuestra vida fuera nocturna pensaríamos que es ella quien se esconde del sol, asustadiza.
Pero en el fondo de la duda las posibilidades se entretejen como una maraña indescriptible, dejando infinidad de caminos posibles sin encontrar inicios ni finales.
Mañana, quizá, emprenda un camino hacia el olvido, dejando de lado tan escoria, camine por un camino nuevo huyendo del sol y de la luna; forme una comuna humana lejana de tanta inmundicia nuestra, de tanta duda.
Tal vez mañana por fin logre creerme que el sueño es bueno sin importar que astro ilumine la cuna…
Pero es tan grande el miedo a lo desconocido, a por fin encontrar un motor que mueva mis pasos, algo suficientemente fuerte como para hacer caminar este instrumento oxidado.
En la noche lo sin nombre se hace presente diciéndonos su signo sin miedo, mientras que en el día se esconde de todos para tratar de guardar los misterios.
¡Qué colosal es la impotencia!, es tan grande que no sabemos donde ponerla, a veces la escondemos en el ático, otras veces en la cama mutua, pero yo, lastimosamente, he aprendido a esconderla entre mis huesos.
Es en estos momentos que uno pide al aire un soplo que le arrebate las lágrimas, para que se libere un poco de la hiel que recorre los nervios, pero también es grande el miedo de desangrarse en lágrimas y de en el desahogo llegar a un punto de no retorno.
Quizá por eso es que hoy he tomado la pluma, para llorar un poco sin que nadie me escuche: ponerme frente a este aparato y redactar sin ser molestado mi enorme hastío.
Llevo a mi boca un cigarrillo y recuerdo que siempre pensé que la vida era eso, un manojo de tabaco atiborrado quemándose lentamente sin remedio.
¿Por qué mi boca jamás aprendió a gritar lo que siento y tienen mis manos que ser el único escape? ¿Por qué me sigo refugiando entre el miedo de decirle a mundo que soy vulnerable?
A veces deseara que mi muerte, viniera a buscarme de una vez por todas, que simplemente se me corte el aire, para destruir este armazón sin alma.
Pero, es tan torpe la esperanza que aún espero encontrar algo para sostener mis huesos, una mano humana que sepa entender mi saga, que sepa sacarme de este acmé que vivo.
Pero no ha de existir en este mundo un ser capaz de adentrarse entre mis venas y conocer el dolor que me carcome, esta impotencia colosal que se antepone a mis ojos vidriosos e incrédulos.
Quizá simplemente sea un juego del azar, el ponerme en este cuerpo, en este tiempo, hacerme pagar alguna burla o deuda que le deba de algún pasado. Mas el juego esta llegando a un punto de saber que puedo hacer para reponer el daño, ¡no sé qué pueden hacer estas dos manos humanas para forjar algún sueño no perecedero…!
Mientras el vacío de sentirse inútil se va haciendo más largo, y la agonía cada vez más insoportable y lo insoportable cada vez más cotidiano.
Si mis lágrimas tuviesen un precio, las daría todas por un rato de dicha, un sentimiento de amor que no se me escurra entre los dedos, una pasión que se centre en la lujuria.
Quizá sólo deseo dos manos sinceras que sepan posarse sobre mis hombros y clavarme una daga por la espalda, dándome un beso en la nuca y diciéndome buenas noches cuando recién raya la aurora.
Quizá sólo deseo un poniente lejos del mundo para dejarme morir en el destierro, un espacio sólo para mí y la Nada, esa dama que ha sido mi única amante fiel y sincera.
Podría ser un poniente en la llanura visto desde un árbol colgado de una soga.
Tal vez, en el fondo de este desespero sepa encontrar alguna razón de vivir propia, o tal vez simplemente dirija una copa de cianuro hacia mi boca…
Espero que este texto lleno de dolor y autoconsuelo, sea una idea que simplemente nació de la agonía que siento, y si se vuelve real en estas noches de invierno, por lo menos anime a un desesperado a encontrar algún otro remedio…
16 de Septiembre de 2006.
miércoles, 27 de junio de 2007
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