Desde tiempos inmemoriales el humano promedio ha buscado respuestas a su existencia, basándose en estrategias complicadas, añorando entre sus propias marañas descubrir la esencia de las cosas simples…
Hemos luchado contra nosotros mismos y contra nuestros instintos para buscar más y más corazas donde escondernos de nuestro mayor temor, la verdad evidente de que no somos más que animales auto-condenados a pensar un modo más complicado de cómo llevar la vida animal que nos recorre…
A veces, quizá por azar, atisbamos vestigios de nuestra naturaleza, pero nos rehusamos a admitirlo y le damos la espalda antes de poder ver, siquiera, el brillo de sus ojos.
Entre tanto juego un comprende cuando pierde el miedo, que todo es simplemente un cúmulo de caretas sobre nuestros rostros que nos hacen sentir menos vulnerables.
Cuando era niño, jamás tuve una fiesta de cumpleaños, nunca salíamos realmente, pocas eran las ocasiones en que me sentía como un niño, simplemente me transformé en un anciano refugiado en la literatura encerrado en un cofre joven, aunque por dentro pensaba que miles de siglos de ignominiosa soledad se calaban en mi sienes.
Ahora, superados los veinte, sigo siendo el mismo viejo, encerrado en un caparazón horrendo, con las mismas necesidades de cuando era niño, simplemente poder amar plenamente algo tangible y sentir aunque sea en momentos que también soy amado.
Por eso quizá me molesta tanto ver a las personas de mi edad reventando piñatas, realizando dinámicas infantiles, simplemente porque su ausencia en los tiempos mozos me hicieron pensar que eran actividades frívolas e innecesarias. No me arrepiento de haber tenido tanta carencia en el sentido material cuando era un crío, porque me enseñó a darle más valor a otras cosas que quizá sólo yo comprendo.
Mas quizá ese es el problema de nuestro genero, se ha desvirtuado la facultad más grande del ser humano, la capacidad de amar sin fronteras ni medidas, y, por no tener la opción de razonarlo desde niños, se ha transformado el amor en algo frívolo e innecesario.
En nuestros tiempos, el amor es simplemente un utensilio, un condimento aplicado a otros fines, como las ínfulas de grandeza, el bienestar económico o una excusa para la lujuria humana.
Por eso cada vez considero que gracias a esta visión de mundo no he de encajar en ningún lugar de este globo terráqueo, simplemente estaré vagando como un errante, viendo las cosas frívolas ante mis ojos transmutadas en los pilares más recios de la vida de otros, y la espina dorsal de mi pensamiento como un tapete de bienvenida que todos pisan, pero nadie toma su tiempo para leerlo.
En estos tiempos es vital para un niño que su padre le pague lujosas estaciones de juego virtual, que compre los últimos discos de x o y cantante, que lo lleven a conciertos irracionales donde no se dice nada que haga aflorar más que los valores mundanos de este mundo.
Todos han de conocer los temas del momento, que simplemente dicen “la amé y dejó”, “la amaba tanto que le fui infiel”, “la extraño tanto que estoy buscando otra”; pero ningún mensaje llega a nuestros oídos que nos diga a ciencia cierta porque amaban tanto a esa dama más que por el hecho de que se tienen buenos recuerdos de sábanas blancas.
Y sigo viendo el mundo como una marea de escoria, que se sólo plantea discusiones vanas llenas de escarnio.
A fin cuentas este es el mundo en el que vivo y no puedo hacer nada realmente bueno para cambiarlo, quizá en que se complica más la vida de lo que debiera soy yo. Que sigo anhelando parajes místicos donde el amor sea más que una ficción y una excusa para retozar una noche al lado de cualquier dama.
Duele tanto a la vista ver a las mujeres discutiendo cual hombre es el más atractivo, divagando que tan bueno será en la cama, o simplemente sentándose junto a él para que le invite los tragos esa noche. Casi ninguna desea ir más allá y no preocuparse por lo vano, buscar a alguien a quien amar simplemente por el placer de hacerlo.
Duele tanto a los oídos escuchar hablar a los hombres, debatiendo cual es la mujer con mejores pechos y de cómo hacen esfuerzos sobrehumanos para ofrecer cielo, mar y tierra simplemente por un par de revolcones y después decir: “disculpa pero no eres lo que estoy buscando”. Son tan pocos los hombres ya en este mundo, todos se han enfocado en encontrar un costal de carne al cual acariciar en la madrugada, sin pensar que en esa carne es más que carne, sin pensar que ese costal vital respira quizá añorando que todo el sudor de una noche de pasión no sea otro sueño lamentable y que ese hombre este buscando alguien a quien amar simplemente por el placer de hacerlo.
Quizá mi destino está tallado a costa de los pecados de esta vida y las pasadas, recordando que los círculos jamás se cierran y que el dolor y el sufrimiento causados serán un espejo para nuestro futuro siguiente, la sabia Ley del Karma, jamás deja cabos sueltos.
Quizá sea que este conocimiento de amar por el placer de hacerlo, se me ha entregado en castigo por algún acto atroz de una vida pasada, haciéndome recordar que fui en el pasado nunca pude entenderlo hasta mis últimos suspiros.
Pero no cambio mi suerte por ningún motivo, bastantes lágrimas han recorrido jovialmente mi rostro, como para pensar que todo esta perdido mientras aún siga habiendo sangre recorriendo mi cuerpo y qué llorar desde mis ojos.
Espero ver algún día en estos parajes desolados donde habito unos ojos dulces e innocuos que sepan valorar lo que se ve más que con la vista, y quiera simplemente amor por el placer de hacerlo.
Moriré con la fe en alto como todo buen iluso, si es que el don de la muerte, no me fue negado también.
23-Sep-06
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