miércoles, 27 de junio de 2007

Cartas de Soledad, desamor y locura: Espora Libertina

Su amor fue como una espora que divagaba en el aire, prófuga de cualquier intención de plantarse, tratando de huir tan alto como pudiera del suelo que le invitaba a germinar.

No obstante la bondad de los vientos es curiosa, se dedicó a elevarla tanto que dejó de saber porque no quería plantase. Buscaba cada vez más motivos insípidos en la tierra fértil que deseaba acogerla y bendecirle en nombre con unos cuantos dulces sueños.

A veces el miedo a estar inamovible se vuelve tan colosal que no sabemos donde enterrarlo, por la zozobra de que este miedo nos tome del pie cuando huimos y no nos deje escapar, condenándonos a ser su sombra inamovible.

Generalmente los miedos no son más que círculos con apariencia de espiral, y les buscamos su inicio y su final pero nadie puede decir a ciencia cierta donde empieza un círculo sino quien lo trazó.

Su amor era una espora, digna de germinar en cualquier planicie o acantilado, portadora de flores inmensas y olorosas, pero aún encerrada en un caparazón de fobias a germinar, como si estuviese sumido en un dulce éxtasis de sueño del que no se quiere despertar por más que sabemos que es sólo un sueño.

Yo, simplemente estaba parqueado al costado de un camino, absorbiendo vida de la purulencia que me rodeaba, deseando que su espora perdida supiese encontrar una ruta para plantarse a mi lado o quizá su aire libertador arrancara mis corroídas raíces de suelo y me invitara a vagar por el espacio sideral…

Hace unos días, por momentos le vi pasar por mis senderos caóticos y desolados, dejando con su paso una magia de colores ambarinos y oscuros, como el color de la sangre al combinarse con el lodo, como el color del sonrojo en sus mejillas albas contrastadas con su cabellera.

Quizá por eso es que la esperanza habita un poco más cerca de mis acres amargos, simplemente se requiere un poco de magia para hacer sonreír a un muerto al tocar la mano de la Parca.

Pero el azar sigue siendo igual de vengativo y sólo me dejó disfrutarla por unos soplos, oler su cabellera negra y mirar sus profundos ojos.

¿Cuántos tesoros se pueden ver en el fondo de unos ojos en unos segundos?, en los suyos, los suficientes para avergonzar a las minas de Salomón y hacer parecer las bóvedas de Midas una limosna irrisoria.

Eso es lo que se me viene a mente hoy que tengo esta prístina daga en mis manos y la dirijo hacia mi cuello sigilosamente, el brillo augusto de los ojos que quizá nunca verán más mis ojos.

Tantos recuerdos y tantos momentos que no se dieron jamás por la estúpida impotencia humana, por las ataduras autoimpuestas por nuestras manos, por las vendas que nos amarramos cuando tratamos de buscar la luz y las espadas que nos clavamos en el pecho cuando a grito abierto pedimos vivir…

Y la plenitud de vida se basa en las cosas que deseamos y jamás tenemos y la monotonía se fundamenta en las cosas que deseamos y luego de obtenidas se vuelven vanas.

Quizá por eso menosprecio ahora tanto a la vida, porque tanto soñé con ser feliz que después de perder la felicidad me doy cuenta que no importa y tanto sufrir he tenido que simplemente se ha hecho monótono.

Si tan solo me pudiese conformar con un guijarro de esperanzas perdidas y unos sueños vulnerados por el paso del tiempo, podría encontrar razones para difumar un poco la amargura y tratar de romper mis raíces para empezar a andar, como el árbol sabio que después de cien años entendió que en ese mismo bosque no podría crecer más y tomo la decisión de derribarse para dar paso a otros más pequeños que él.

Algún día encontraré en el reposo del sueño un deseo furibundo de despertar y no se me será concedido; igual que muchas noches he deseado no despertar y al rayar el sol me encuentra en pie.

Ella era una espora libertina y yo un olmo maltrecho atado por su raigambre, destinos completamente surcados por el azar que hace invitaciones a la felicidad y cancela a última hora.

Hasta cierto punto ella deseaba ser atada y yo liberado, pero el terror usual al cambio nos condenó a seguir los mismos caminos hasta la muerte.

Sin poder reconocer a quién te puede llegar a amar, seguimos los dos davalando por senderos agridulces que nos hacen toparnos a veces para recordar que nuestras rutas no han de estar hermanadas hasta que el camino haya concluido.

La agonía de la vida me está colmando el plato, justamente hoy que recuerdo tu nombre y casi no puedo pronunciarlo, quisiera tenerte aquí y abordar tu barco, para que el exilio se desvanezca como un mal sueño y tus ojos llenen tantos vacíos que llevo dentro.

Pero es tanto, acaso, pedirle a la vida que me acompañes en el viaje, que me permita dejar de ser un leño atado al suelo y convertirme en el mástil que sigue tu viento.

Atarme a tu libertad como un papelote a la cuerda que le deja volar, o quizá hacer germinar tus flores en el aire para que se las lleve el viento en el dulce viaje del sueño, y aprender a germinar sin raíces como lo hace la hoja de aire.

Me gustaría que descubrieras que el soberbio halcón, amo y señor de los vuelos supremos, sabe buscar guarida para sus alas cansadas y construye nidos alejados para guardar reposo cuando lo ocupa. Que hasta el portador de la libertad absoluta del vuelo, sabe guardar sus alas para correr hacia su lecho, y luego del descaso saber que tiene un sitio para él más allá de la infinitud del cielo.

Tú eres una espora libertina, que desea volar sin encontrar reposo; yo: un olmo seco cansado del estado inanimado del descaso.

Quizá algún día te canses tú del vuelo y yo del reposo, y hagamos uso de los pies para caminar por ahí junto.

Mientras tanto seguiré sentado con mi daga, mutilando mariposas como mis mejores deseos, y fraguando revoluciones de vida que llevan a debacles colosalmente épicas.

Mientras tanto seguiré posado en estos acres escabrosos y fríos esperando invitaciones al viaje que promulgan los insectos, o que en una noche turbulenta el viento te lleve a descansar bajo mi ramaje, protegiendo tus sueños…

Sábado 14 de Octubre de 2006

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Gustavo es Alana
Lei la noche de los dioses carnales.
es preciosa.
gracias