miércoles, 27 de junio de 2007

Canto desde un mausoleo…

Canta el mausoleo de mi cuerpo,
como canto vivo de este difunto,
se eleva el canto hasta el cielo
y el infinito se colma de Todo…

Azares distinto ofrenda el alba,
cada niño que nace es un augurio,
cada humano que yace es un final,
¿pero qué ocurre cuando cambia?…

Cuando el azar se determina por
la muerte que nace en el horizonte,
y cada paso en la vida del hombre
condena a la muerte al sinsonte…

Y la magia del mundo decae fugaz
en abismos prefabricados de concreto,
y el milenario roble es arrancado
por ortodoxos esbirros de lo nuevo…

¡Ojalá un día el Vacío llene Todo,
para analizar de qué cojones sirvió
caminar por el mundo si ver a bien
que no era mundo era desolación…!

Canta desde su mausoleo mi alma,
está hecho de huesos y carne yerma,
es lo único que necesita mi alma,
para descansar en la tenaz fosa…

¿y para qué ataúdes y falsos entierros,
para qué flores a los que ya partieron?
el polvo es suficiente para cubrir
todos nuestros cuerpos muertos.

Y las pestañas del Sol se levantan,
insolando a quienes “viven” aquí…
Y las faldas de la Luna se levantan,
seduciendo a los mortales vivos…

Las casualidades del Destino caen
como templos del antiguo Bizancio,
agonizando entre recuerdos y realidad,
y no dejan un solo pilar en pie…

Cada espectro de brisa y penumbra,
es un palmo de roca cuarceada y fina
que es el recuerdo de un beso furtivo,
encerrado en un vaso de cristal azul…

En el fondo del vaso el sueño
recuerda al muerto que yace en
el mausoleo de huesos que es suyo,
pues fue víctima de la melancolía…

Canto hoy desde mi mausoleo frío,
recordando los besos que he trazado,
y el azar que de mi dama me ha separado,
canto y canto y canto desde mi mausoleo…

Pero se me hace muy curioso el pensar,
que pese a todos esos cuentos mundanos,
ella es la que partió, ella es la que yace,
ella es la muerta, pero yo soy el enterrado…

11/12/2002.

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